lunes, 28 de febrero de 2011

Momentos ''café''

Esta tarde, al llegar a mi pequeño rincón apartado de la sociedad, me he sentado ante la ventana con una gran taza de café con leche, observando lo pequeña que se ve la gente desde el salón, viendo lo insignificantes que somos cada uno de nosotros en comparación a todo lo que nos rodea. En el parque que hay frente a mi bloque, puedo ver el agua de la fuente caer, salpicando a dos jóvenes que saltaban a su alrededor, los árboles volvían a tener hojas, y tras el frio invierno, las flores volvían a adornar los pequeños jardines que envuelven los bancos. El ciclo se repetía, y como cada año, la cadena de la vida continua, dando paso a una nueva estación y nuevas vidas que nacerán en ella.
Tras contemplar la belleza que tenemos el honor de captar con todos nuestros sentidos, llegó la hora de volver a la realidad, los dos niños que correteaban cerca de la fuente ahora se dedicaban a arrancar las recién nacidas flores, un señor que parecía pasear, tiraba un cigarrillo al suelo ignorando sus efectos y continuaba con su camino, un grupo de adolescentes reían y ''gritaban'' al compás de la música que reproducían sus móviles...

El mundo en el que vivimos esta pudriéndose, y los habitantes de éste no hacen más que quedarse contemplando, como si esperaran que finalmente estalle. No comprendo el ser humano, no entiendo que ha llevado a que algunos actúen de este modo. Si hay algo que hace que la rutina no se torne insostenible, es el afán por un mundo nuevo, el ansia por mejorar lo que hoy esta podrido, y el desprecio hacia todo aquello que corrompe mi entorno.

Entonces llega el momento de dar la cara a la realidad, en concreto la realidad familiar, y un escalofrío recorre mi piel. Veo a padres e hijos distantes entre ellos, parejas que discuten delante de los infantes, treceañeros que se drogan y quinceañeras abortando; la avaricia les provoca infelicidad, que con el tiempo, acaba haciendo que tanto sus hijos como ellos mismos terminen en un valle de amargura del cual no pueden escapar. Es entonces cuando me planteo que les habrá llevado a ello, me pregunto hasta donde llegará su codicia, qué es lo que creen necesitar para estar en armonía.

Vivimos en una sociedad consumista, llena de gozos y privilegios innecesarios a los que se han adaptado, que ha hecho relacionar el estado anímico de las personas con tener más o menos riquezas o bienes materiales.

Me niego a creer que si no me adapto a ello no puedo tener una vida llena de riqueza interior. Detesto ser relacionada con semejantes seres que no merecen el nombre de personas.