martes, 12 de abril de 2011

Metamorfosis

Recientemente me he visto expuesta a muchos cambios en mi vida, globalizando un poco más, el último año ha sido como un terremoto seguido de grandes volcanes en erupción, que no cesaban en su trabajo expulsando más y más lava, junto con ese temblor del suelo que imposibilitaba el huir de ahí.

Debido a ello he tenido que tomar decisiones que posiblemente hayan marcado parte de lo que será mi futuro. En ocasiones no tuve tiempo apenas de plantearme si eran las correctas, otras veces las opciones eran escasas y negativas, pero a pesar de ello, estoy tranquila porque tomé el camino que creí más beneficioso para mí, y confío en mi criterio.

Agradezco todo este tiempo de turbulencias ya que han hecho aflorar la parte racional y consecuente que antes no tenía tan desarrollada. Al verme sola, sin apenas ayuda de nadie fui consciente que sólo yo puedo ayudarme y nadie mejor que yo sabe lo que más me conviene. El saber que un paso, una palabra, una pequeña decisión... podrían ser el desencadenante de una tormenta peor, hizo que fuera más minuciosa y valorara los pros y contras de cada opción, pero sin demora ya que el tiempo iba en mi contra.

Después de este tiempo de incertidumbre, parece que brilla un poco el sol. Las frías gotas de lluvia acarician mis mejillas, pero ya no me molestan. Cada una de ellas me aporta nuevas experiencias y ya forman parte de mí, refrescan mi vida y me impiden caer en la rutina, me producen confianza en mi misma y gracias a haber aprendido a vivir con ellas me siento capaz de superar casi todos los obstáculos que se me presentan.

Nadie puede cambiar el campo donde nace, pero sólo uno mismo es capaz de decidir que camino tomar, porque pese a que todos lleven a un final común, los paisajes por descubrir que podemos encontrar en cada uno de ellos formaran nuestro ser, y si aprendemos del suelo que pisamos, estoy segura que llegaremos a la meta con recuerdos que perdurarán por siempre.