Hay momentos en los que deberíamos reflexionar sobre los pasos que trazamos. El lógico equivocarse y lo importante de estos fallos es poder rectificar y aprender de ellos, creando de uno mismo la persona a la que aspiramos.
Dicho esto, me dirijo a las personas que no cumplen este proceso. ¿Cuántas veces nos han dicho algo que hacemos mal? Posiblemente más de una, diez, o cien. Es muy importante valorar estas críticas puesto que es más fácil ver los errores desde fuera que localizarlos uno mismo. Valoro mi ser y mi ego es algo que, por mucho que pueda molestar, está muy alto, aun sabiendo que queda mucho trabajo por hacer no hay día que no mejore en algún aspecto.
A diferencia de mí (y algunos de vosotros) existe un elevado porcentaje de población que carecen tanto de personalidad como de espíritu de superación y se estancan en un punto, séase maruj@s, adinerad@s, poligoner@s, y un sinfín de tribus en las cuales el exterior y el critiqueo es el pan de cada día.
Desde un punto psicológico, hay una tendencia a autojustificarse (a menudo conscientemente) de los propios errores sacándolos la luz en forma de críticas hacia otras personas, juzgando actos que consideran negativos y en el caso del primer sujeto esta acción suele estar elevada. Esto se debe a la baja autoestima y a la carencia de lazos afectivos reales (ya sea familia, pareja, amistades, o uno mismo) que provocan un estado de pobreza interior la cual no saben llenar de otra manera.
Siendo sincera, siento verdadera lástima por esta gente que en ocasiones tienden a juzgarme sabiendo que jamás podrán alcanzarme, aunque si tras haber intentado ayudarles siguen en su cuadro sin querer cambiar, mi conciencia permanece tranquila. Creen que pueden opinar sobre mis actos (con unos principios a años luz de los suyos) intentando de ese modo que me vea afectada. Hace un tiempo esas críticas me habrían causado dolor, posiblemente me habría decepcionado que supuestas amistades hubieran tomado la falsedad como principio para luego poder atacar donde duele, reconozco que me pasó, pocas veces, pero gracias a ello aprendí a ser selectiva y ver con quien puedo contar.
A menudo estos seres suelen rodearse de cuantiosas personas creando grupos numerosos en los que se creen socialmente aceptados y protegidos pero cuando se quedan solos, hay que ponerse tapones para no oír las ofensas e injurias que se dicen unos a otros. Hoy en día, mi circulo de amistades se ve reducido a un número muy pequeño, pero valen más que veinte de ell@s.
Tal vez esta entrada no corresponda a mi modo de escribir anterior, pero creo que este tema debía tratarlo y escribir sobre él a modo de crítica, aunque he debido prescindir de muchos calificativos y expresiones que por respeto a mis principios preferí eliminar. Aquí es donde se refleja quien es una Señora y quienes unos cualquiera.